Los focos envidian su piel firmemente iluminada
firmemente delicada
Las huellas de la madrugada,
marcan el compás de las noches
Con la intensidad con la que el duende pisa sus enormemente reducidos pasos
Con las débiles fuerzas del más azul y oleante mediterráneo
Mendigando sus roces
Mendigante de sus roces
Vuelve a anochecer, cae la realidad,
pisotea sus caricias, amaneciendo los malos sueños
y las malas caras
Amaneciendo los malos tragos
y las sabanas revueltas
Devuélveme esas ganas,
llévate las pesadillas de insomnio por sus labios
por sus nulas intenciones
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