martes, 10 de enero de 2012

Aterrizaje y asfalto.

La esperanza del acto que nunca sucedió escondido entre las paredes del incendio, que se enfrían, se sosiegan.

Cristales opacos que me permiten escuchar tus insonoros gritos de ausencia, de silencio, de peligro.

Salidas de emergencia taponadas por la falta de aquel combustible raro en los pensamientos invisibles del abrazo perfecto. Aterrizaje y asfalto.

Hoy busco tu mano bajo la manta en aquel viejo sofá, mientras me encuentras los huecos pregnando toda sonrisa plena y rompedora. Desgarradora.

Me miran de reojo tus reflejos raros y asombrados, mientras me hago la loca siguiendo la historia reversible en la que la protagonista sigue esperando a que apagues el motor, y le busques en su lado del sofá.

En su lado de la noche, del abrazo prohibido.
En su lado del deseo fortuito del último primer conflicto casual y preparado de una espera inmediata del primer suspiro sincero de tu propia historia.

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